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Mucho se ha escrito ya sobre esta joya de la casa de las ideas, pero tratándose de una obra tan imprescindible no podía dejar de escribir una breve reseña al respecto para aquellos que todavía no se han decidido por leerla.

Dejando a un lado las últimas experiencias cinematográficas acerca de IRON MAN y basándonos en lo que respecta estrictamente al cómic, esta obra marcó un antes y un después en la concepción de este curioso héroe carente de super-poderes y excelso de tecnología.

El personaje creado por Stan Lee tenía un atractivo potencial que jamás se había explorado con demasiada profundidad; Tony Stark. El millonario frívolo de pelo en pecho al que la vida parecía sonreír siempre de forma ociosa, cae en una trampa curiosamente común en su estatus social; el alcoholismo. El hedonismo en el que vive la alta sociedad conlleva muchos vicios caros entre los que destacan el juego y la vida nocturna con la constante presencia del alcohol.

A través de las páginas de este álbum veremos como Tony Stark ha adquirido algunos de estos vicios que se han ido convirtiendo en parte de su vida cotidiana. Lo vemos acompañado siempre de mujeres esculturales, conduciendo coches caros, jugando en el casino y combinado cada una de estas actividades con una generosa copa de Whisky, Martini, Ron, etc… Si a esto le añadimos las tensiones personales y profesionales que se van acumulando a la vida del empresario en cada capítulo, veremos el por qué del estallido de Tony Stark en el episodio final de esta obra.

David Michelinie, quien ya se había prodigado por el noveno arte a lo largo de la década de 1970 en DC Cómics, profundiza mucho más en Tony Stark que en Iron Man, hasta tal punto que destruye la popularidad del superhéroe metálico apartándolo de los vengadores y convirtiéndolo en una máquina incontrolada que asesina involuntariamente a un hombre inocente, en uno de los momentos más memorables de esta saga. Tony Stark no podrá recurrir esta vez a Iron Man para solucionar sus problemas de alcoholismo. El ingeniero armamentista se encamina a un callejón sin salida en el que la tecnología o el dinero no le servirán de nada, solamente podrá escapar de este trance superando sus miedos, sus rencores y solicitando ayuda a sus verdaderos amigos.

Realizada alrededor de 1978, es sin duda una obra culminante del género de superhéroes, muy bien integrada en la evolución del universo Marvel durante los años 70 e ilustrada además por un novato John Romita Jr., cuando en su estilo veíamos perdurar la herencia del elegante clasicismo de su padre, apoyado por el entintado clásico de Bob Layton.

No pretendo desvelar mucho más de esta obra para aquellos que todavía no la han disfrutado, tan solo decir que es imprescindible para cualquier amante del cómic de superhéroes.

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