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En contadas ocasiones podemos celebrar la edición de una buena novela gráfica realizada por un nuevo autor de nuestro país, es por esto que vivir esta ocasión me produjo una sensación de asombro y sorpresa. Esa impresión tan positiva que tuve cuando contemplé las páginas de “La piel del oso” en el 31r salón del cómic de Barcelona, se confirmó cuando conocí la noticia de que Oriol Hernández era el ganador del premio del salón al Autor Revelación Español de 2012.

El guión corre a cargo de un experimentado autor galo de la talla de Zidrou, recordado especialmente por su obra “La anciana que nunca jugó al tenis”, mientras que la ilustración es obra y gracia de nuestra revelación egarense; Oriol Hernández. La obra ha tenido además una excelente acogida en el país vecino.

Esta novela gráfica nos transporta a una remota isla del sur de Italia llamada Lipari, donde Amadeo, un chico de quince años, se gana una propinilla veraniega leyéndole el horóscopo a un anciano minusválido llamado Don Palermo. El anciano aprovecha la compañía del adolescente para contarle también sus batallitas. ¡Y que batallitas cuenta! El susodicho octogenario desvalido fue en sus años mozos un gángster a las órdenes de un implacable Capo de la mafia siciliana cuya tez roja le otorgó el apodo de Don Pomodoro, durante su estancia como inmigrante en los Estados Unidos.

Lo que amenazaba ser una apacible historia costumbrista a orillas del mediterráneo, termina siendo la violenta biografía de un mafioso en Estados Unidos, lo cual no excluye como trasfondo un excelente relato de fracasos, injusticia y amores frustrados. Con la ayuda del personal y reconocible estilo artístico de Oriol, el álbum nos sumerge en una particular visión oscilante del mundo, entre el realismo y la caricatura, entre lo barroco y lo sencillo, entre lo infantil y lo adulto.

A través de las páginas de “La piel del oso” hallaremos un curioso elenco de personajes que viven en el recuerdo del viejo, personajes que representan muchas de las vicisitudes humanas, así como extraños caminos que en la juventud tomamos y de los que probablemente no somos capaces de arrepentirnos hasta la vejez.

Recientemente tuve el privilegio de conocer personalmente a Oriol Hernández en Sabadell durante la feria del libro del día de Sant Jordi, y pude adquirir de su mano un ejemplar de “La piel del oso” con una formidable ilustración dedicada. Espero que Oriol pronto nos ofrezca a los devoradores de tebeos, nuevas historias con las que pasar esta tediosa crisis económica…

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